domingo, 9 de octubre de 2005

Hoy 9 de octubre del 2005 a 38 años


Víctor Jara - Zamba del Che

Seguir tus huellas me es tan difícil como imprescindible.
Solo cuando olvidemos este egoísmo, que día a día nos van metiendo en los poros, estomago y cerebro, quizás entonces comprendamos la enorme entrega que tuviste con la humanidad y con tu pensamiento.

Para hablar contigo este día leo a un vocero de nuestros tiempos, alguien que te conoció y trae tus palabras frescas y claras para no desmayar en esta interminable senda.

Eduardo Galeano

Quebrada del Yuro
La caída del Che

La metralla le rompe las piernas. Sentado, sigue peleando, hasta que le vuelan el fusil de las manos.

Los soldados disputan a manotazos el reloj, la cantimplora, el cinturón, la pipa. Varios oficiales lo interrogan, uno tras otro. El Che calla y mana sangre. El contralmirante Ugarteche, osado lobo de tierra, jefe de la Marina de un país sin mar, lo insulta y lo amenaza. El Che le escupe la cara.

Desde La Paz, llega la orden de liquidar al prisionero. Una ráfaga lo acribilla. El Che muere de bala, muere a traición, poco antes de cumplir cuarenta años, exactamente a la misma edad a la que murieron, también de bala, también a traición, Zapata y Sandino.
En el pueblito de Higueras, el general Barrientos exhibe su trofeo a los periodistas. El Che yace sobre una pileta de lavar ropa. Después de las balas, lo acribillan los flashes. Esta última cara tiene ojos que acusan y una sonrisa melancólica.

Higueras
Campanadas por él

¿Ha muerto en 1967, en Bolivia, porque se equivocó de hora y de lugar, de ritmo y de manera? ¿O ha muerto nunca, en ninguna parte, porque no se equivocó en lo que de veras vale para todas las horas y lugares y ritmos y maneras?.
Creía que hay que defenderse de las trampas de la codicia, sin bajar jamás la guardia. Cuando era presidente del Banco Nacional de Cuba, firmaba Che los billetes, para burlarse del dinero. Por amor a la gente, despreciaba las cosas. Enfermo está el mundo, creía, donde tener y ser significan lo mismo .No guardó nunca nada para sí, ni pidió nada nunca.

Vivir es darse, creía; y se dio.

3 respuestas:

Diana dijo...

Pero yo prefiero los resplandores de la gente

1.

"Traidor", le dije. Le mostré el recorte de un diario cubano: E1 aparecía
vestido de pitcher, jugando béisbol. Recuerdo que se rió, nos reímos; si me
contesto algo, no sé. La connversación saltaba, como una pelotita de
ping-pong, de un tema al otro.
-Yo no quiero qua cada cubano aspire a ser Rockefeller -me dijo.
El socialismo tenia sentido si purificaba a los hombres, si los lanzaba más
allá del egoísmo, si los salvaba de la competencia y la codicia. Me contó
quo cuando era presidente del Banco Central había firmado los billetes con
la palabra Che para burlarse, y me dijo que el dinero, fetiche de mierda,
debía ser feo.
El Che Guevara se delataba, como todos, por los ojos. Recuerdo su mirada
limpia, como recién amanecida: esa manera de mirar de los hombres qua creen.

2.

Charlando, no podía uno olvidar qua aquel hombre había llegado a Cuba al
cabo de una peregrinación a lo largo de América Latina. Había estado, y no
como turista, en el torbellino de la revolución boliviana y en la agonía de
la revolución guatemalteca. Había cargado bananas en Centroamérica y había
sacado fotos en las plazas de México, para ganarse la vida, y para jugársela
se había lanzado a la aventura del Granma.
No era hombre de escritorio. Tenía que estallar, tarde o temprano, aquélla
tensión de león enjaulado que era fácil de advertir cuando lo entrevisté a
mediados de 1964.
Este ha sido el insólito caso de alguien que abandona una revolución ya
hecha por é1 y un puñado de locos, para lanzarse a empezar otra. No vivió
para el triunfo, sino para la pelea, la siempre necesaria pelea por la
dignidad humana.
Candela, el chofer que me acompañó en aquella primera recorrida de Cuba,
solía llamarlo caballo. El sólo aplicaba este supremo elogio a la cubana a
tres personas: Fidel, el Che y Shakespeare.

3.

Tres años después, me quedé con la vista clavada en la primera página de los
diarios. Las radiofotos mostraban el cuerpo inmóvil desde todos los ángulos.
La dictadura del general Barrientos exhibía al mundo su gran trofeo.
Le miré largamente la sonrisa, a la vez irónica y tierna, y me vinieron a la
cabeza frases de aquél diálogo del 64, definiciones del mundo ('La razón la
tienen unos, pero las cosas las tienen otros'), de la revolución ('Cuba no
será nunca una vitrina de socialismo, sino un ejemplo vivo") y de sí mismo
("Yo me he equivocado mucho, pero creo que...").
Pensé: 'Ha fracasado. Está muerto.' Y pensé: 'No fracasará nunca. No morirá
jamás", y con los ojos fijos en esa cara de Jesucristo rioplatense me
vinieron ganas de felicitarlo.

Eduardo Galeano
De Dias y noches de amor y de guerra

Ergar dijo...

Te quiero mucho Dianita, ¿te lo dije ya? siempre llegas como el complemento a mis pensamientos.

Roberto Iza Valdes dijo...
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